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April 02

Maria Adelaide Amaral

foto3
 

Biografia


          
  Maria Adelaide Amaral
é jornalista, escritora e dramaturga. Portuguesa, nasceu em 1º de julho de 1942, em Alfena - Conselho de Valongo - Distrito do Porto. Aos 12 anos de idade, chega a São Paulo em 1954 e se instala com a família no bairro da Moóca, onde enfrentando condições de vida  nada privilegiadas, estudou no Colégio Sagrada Família e no Colégio Estadual de São Paulo.

        Trabalhou numa fábrica de camisas, onde sua inabilidade para chulear a convenceu definitivamente que sua paixão era mesmo ler e estudar com voracidade, não obstante as dificuldades materiais. Foi vendedora numa joalheria, bancária no Banco da Lavoura de Minas Gerais e pesquisadora na Editora Abril, para a coleção Teatro Vivo, emblemática publicação dos anos 70.

        Iniciou, no conturbado ano de  1968, o curso de Ciências Sociais da USP, sem concluí-lo, formando-se porém em Jornalismo na Faculdade Cásper Líbero no ano de 1978.
       
Em 1975, em meio a uma grave crise no setor editorial, Maria Adelaide sentiu a necessidade de escrever sobre o que via: uma demissão em massa e as reações humanas, das mais diversificadas, frente ao fato inevitável. Assim, surgiu seu primeiro texto dramatúrgico,
A Resistência. O primeiro texto a ser encenado no entanto, seria  Bodas de Papel, escrito em 1976 e montado em 1978 em São Paulo.

 
February 18

Luto: Pepe Balsa

Agua de azar

 

                                     Balsa, a la mar

 

 

Veinte años después, vuelvo a Madrid. Vuelo de luto, ya de noche. Escribo sobre el Atlántico. No he podido dejar de llorar. Los lectores de estos párrafos tendrán que perdonarme, una vez más. Hace ocho días escribí en esta misma página sobre el paisaje triste del Aeropuerto de Barajas en Madrid; dentro de ocho horas lo habré de confirmar. Vuelo de luto, apenas me dio tiempo de ponerme la corbata negra, tomar el viejo abrigo que sólo se usa en Madrid y escribo estas líneas al vuelo. Llegaré a Barajas, como hace veinte años, como tantas veces, y ahora no estará allí para abrazarlo, mi entrañable Pepe Balsa.

         Perdónenme párrafos íntimos, y el descaro de publicarlos, pero me pesa tanto este océano y, de veras, no puedo dejar de llorarlo. Ayer, como tantos domingos, hablé a Madrid con Pepe Balsa, ambos sabíamos que volvería a ganar nuestro Real Madrid, ambos celebrábamos el día de San Sebastián y me dediqué, como tantas veces y tantos domingos, a contarle de mis hijos, de mis padres, de tantas cuentas pendientes y toda la mar de recuerdos que nos unen. Colgué, ayer mismo, creyendo haber convencido a Balsa para que volviera a México, para que aceptara viajar a concelebrar con mis padres sus bodas de oro en mayo próximo, animándolo a que volara –junto con Pepita o con su hijos Antonio o Manolo—en el sentido inverso al que ahora vuelo, sabiendo que llegaré a Madrid para despedirme de él, ya sin poder abrazarlo y me duele el alma de frío y quisiera haber volado antes, haber vuelto siempre, y estar desde hace horas con su esposa, sus hijos, sus nietos y tantísimos amigos madrileños que han de perdonarme como lectores que llegue tarde, pero vuelo ya de luto. Según el piloto, cruzamos la mar a 963 km/h, a una altura de once mil metros sobre el Atlántico, pero ¿quién mide la distancia y los veinte años, la velocidad de los afectos y el inmenso vacío que me espera ahora, al llegar de nuevo, a Madrid Barajas? y ¿quién –si no éstos párrafos—para confirmarle a la noche que llevo en el portafolios el duelo y los besos, los llantos y abrazos, de mis padres, de mis hijos, de tantísimos amigos mexicanos que le debemos a Pepe Balsa nada menos que Madrid y la España entera, todo un océano de recuerdos y su incondicional hospitalidad.

         Compartir mesa con Balsa era estar en presencia del Quijote, conocer en persona a Quevedo y escuchar en la piel todos los versos que se sabía de memoria, desde Góngora hasta Ricardo de León… efectivamente: con él se juntaban lo sagrado y lo profano y de su mano descubrí no sólo los museos y palacios más impresionantes de Madrid, sino los mejores chistes y los callejones poblados de esperpentos. Pepe alentó siempre mis sueños y la deuda de gratitud que le quedo a deber ya se confirma sobre el océano como impagable: Balsa me regaló Madrid, cada piedra y cada poro; me regaló horas de conversaciones invaluables y, que se sepa de una vez: partes de su vida, páginas reales de su biografía, con las que tuve el feliz atrevimiento de incorporar a una novela que ahora, en medio de esta noche, parece por fin cerrar sus páginas y abrirse en un nuevo capítulo inédito: te prometí, entrañable Pepe, que algún día haría otra novela con la azarosa historia tu hermosa vida; te prometí mantenerme sobrio y ser mejor padre de mis hijos, mejor hijo para mis padres y te prometí no pocos párrafos sobre Madrid, que ahora con todo el dolor que cubre la mar salada de lágrimas, parece que se inauguran. Será que ahora te haces a la mar, entrañable Balsa, infinito de la mano de tus padres y será que ahora pasearás por siempre las mismas calles de Madrid, nuevamente con mis abuelos… y yo no paro de llorar.

         José Balsa Pérez nació en Madrid, en la calle de Lista #66 hoy Ortega y Gasset. Su padre sorteó los peores horrores de la Guerra Civil y, como se narra en una novela, tardó tres días con sus noches en cruzar el Parque de El Retiro cuando volvió de una batalla ensangrentado; su madre, doña Lola, consiguió para su hijo Pepe el salvoconducto milagroso de poderlo montar en un barco de niños exiliados, con lo cual nuestro Pepe bien pudo haberse vuelto mexicano y vivir la vida transterrado en México entre todos los que lo quisieron, pero Balsa no salió de Madrid e hizo feliz vida como el mejor hijo posible que ha tenido Madrid: un poema para cada calle y saberse exactamente dónde, quién y cuándo para cada anécdota, zarzuela, historia y cuento de Madrid. Por eso y más, te debemos Madrid, entrañable Balsa: para empezar mi abuelo Pedro, que te conoció por pura agua del azar para volverse –en el mismo juego de espejos—tú segundo padre y para que el tiempo me concediera, que fueras –porque eres y serás, como mi padre, abuelo de mis hijos y ahora, testigo ausente de este océano que no puedo dejar de llorarte.

         Pepe Balsa fue el mejor fotógrafo y trabajador incansable que haya tenido la Real Fábrica de Moneda y Timbre. Fue el fotógrafo del Rey Juan Carlos y del Príncipe Felipe para los antiguos billetes y monedas cuando eran de pesetas y retratista de precisas imágenes que sirvieron para decorar no pocas series de sellos y timbres españoles. Balsa fue además un amante del teatro y hasta ayer habitante de escenarios e incluso el personaje más que hilarante que salía en la televisión española anunciando refrescos o loterías. Pero por encima de todos los renglones de su biografía, Pepe fue un enamorado fiel de su Pepita, un padre excepcional para sus hijos, un abuelo envidiable para sus nietos y un amigo indescriptible para todos los que abrevamos de su humana solidaridad incansable, de su simpatía intermitente, de su gracia y ese sentido imbatible de la honra que portan los auténticos caballeros andantes.

         Ayer que hablamos, ninguno de los dos pudo imaginar que se nos concedía en ese momento despedirnos. La noche, el océano de llanto y todo el tiempo que nos une parece ahora confirmarme lo contrario: nos preguntamos mutuamente por absolutamente todas las personas que compartíamos con querer y, como en muchos domingos, pronosticamos por adelantado que ganaría el Real Madrid… pero como si supiéramos que hoy, como hace veinte años, vuelvo a Madrid aunque vuelo de luto, nos dijimos, como siempre, cuánto nos queremos… pero me faltó exigirte que me libraras durante más años de este infinito dolor que hoy no puedo dejar de llorar y faltó decirte entrañable Pepe Balsa que, en medio de la noche, tal como hace veinte años y siempre, sólo tengo estos párrafos para intentar agradecerte, intentar abrazarte al rato en Barajas, e intentar seguir escribiéndote papeles, como quien lanza una balsa a la mar.

 

Jorge F. Hernández

jfhdz@yahoo.com

 

 

Luto: Pepe Balsa
   

Luto: Pepe Balsa

 
November 11

Conclusion de mi tesis (Madrid, marzo de 2007)

3.          CONCLUSIÓN

 

A seguir se presenta la conclusión a partir de un resumen de esta investigación embasada en los objetivos preestablecidos en el proyecto.

Vemos que en las lenguas indoeuropeas nació primero, sobre la base de ciertas coincidencias formales, un género lógico que apartó las denominaciones de varones y mujeres del resto de los sustantivos. Por asimilación formal, la terminación –a pasa a pronombres y adjetivos. La forma de adjetivos en –a se agrega a sustantivos en –a, aunque no signifiquen hembra, y con esto el género lógico (sexo femenino) se transforma en categoría gramatical de género femenino. La antigua terminación más general –o, adquiere valor típico de sexo masculino, que luego se transforma en género gramatical masculino en los nombres numerosos que no designan varones o machos. Estos mismos masculinos lógicos toman una desinencia de actor sujeto en –s (nominativos griegos en –os, latinos en –us), mientras el complemento acusativo de la acción acaba en –on, -un. Ya que los objetos concretos en el lenguaje primitivo casi siempre aparecen como complementos de la acción del hombre, y rara vez como sujetos, se desarrolla un tercer grupo formal de palabras, que guarda la terminación del acusativo también en nominativo, palabras que no son ni masculinos ni femeninos, y, por consiguiente, se llaman neutros. A estas palabras corresponde a menudo una formación de un colectivo en –a, que en su idea se parece mucho a un plural de los objetos, pero en griego se sigue construyendo con el verbo en singular. Esta forma pasa a servir de plural de los neutros, naturalmente también sin distinguir el nominativo del acusativo. Así nace en las lenguas indoeuropeas el tercer género gramatical, el sustantivo neutro.

Los nombres de árboles, también los de la declinación –o, eran en latín clásico femeninos por razones mitológicas (los árboles eran morada de las ninfas). Esta razón se aplicó también al nombre genérico del árbol arbor en románico se puede comprobar una desmitologización de los árboles en su masculinización casi general, masculinización que alcanza asimismo a la denominación genérica árbor (excepto sar. y port.).

La masculinización de los árboles frutales crea dificultades al sistema de la repartición tradicional de significaciones en esta zona. Cuando los nombres de árboles frutales eran todavía femeninos en –US, había una triple oposición del tipo: PIRUS (f.) ‘peral’ / PIRUM ‘cada pera’ / PIRA (plural) ‘conjunto de peras’. La masculinización del nombre del árbol hizo que éste resultase formalmente idéntico al singular del nombre del fruto (PIRU ‘peral, cada pera’), ya que la sola oposición mediante la forma del nominativo (PIRUS ‘peral’, PIRU ‘cada pera’) no bastaba para distinguir nombres de cosas en regiones que todavía conservaban viva por entonces la flexión bicasual. De todos modos, la relativamente antigua y débil oposición trimembre del tipo –U (masc.) ‘árbol frutal’ / -U (neut.) ‘cada fruto’ / -A (plur.) ‘conjunto de frutos’ en general se procuró aclarar [la distinción] entre los nombres de ‘árbol frutal’ y ‘cada fruto’. Se vio un medio para ello en el hecho de que el neutro plural del tipo pira ‘conjunto de peras’ era sintácticamente susceptible de oficiar también de femenino singular”.

Existe una motivación espontánea, es decir, no liga a ningún fenómeno externo inductor en el dominio léxico de los “oficios” que no se puede explicar a partir de ninguna situación concreta ligada al sustantivo latino son los valores que representa la oposición de género ‘masculino’ – “animado” / ‘femenino’ – “inanimado” se ve sobredeterminada por la oposición de “sexo”, realizada sobre el masculino. De una forma en cierto modo análoga a la instalación del ‘femenino’ – “hembra” sobre el ‘no-neutro’ – “animado” (luego ‘masculino’ – “macho”) en la evolución del último indoeuropeo. A su vez, puede darse el caso que el ‘femenino’ – “inanimado” se vea sobredeterminado por la oposición de “tamaño”, ya estudiada, ‘femenino’ – “mayor” / ‘masculino’ – “menor”.

Evidentemente estamos aqui ante un claro proceso de ‘motivación’ ex nihilo  en el género, dado que del sustantivo latino había desaparecido la distinción “animado” / “inanimado”. Es, pues, este un ejemplo más del proceso de ‘motivación’ ® ‘desmotivación’ ® ‘motivación’ (en concreto, en indoeuropeo ® latín ® español, respectivamente) en la evolución del género gramatical.

De modo que, según se ha señalado, por causas fonéticas (desaparición de las consonantes y pérdida de la cantidad) y sintácticas (concordancia con los correspondientes adjetivos) – todo ello unido al proceso interno de pérdida de motivación de los valores de “animado” / “inanimado” ya consumada en el sustantivo latino –, el neutro perdió su independencia como género especial y pasa a confundirse con el masculino y con el femenino. Obviamente, a partir de la situación fonética aludida, que provoca que los sustantivos neutros dejen de distinguirse frente a los otros sustantivos, los casos en que no hubiera coincidencia de formantes con el masculino se resolverían por analogía. De ahí que surja para todos los neutros un  plural analógico en – OS: SIERVO ~ SIERVOS = TEMPLO ~ TEMPLOS; así como singulares analógicos y plurales regularizados analógicamente en el caso de los neutros de la 3ª declinación en –US: TIEMPO ~ TIEMPOS, CUERPO ~ CUERPOS, etc.

Los plurales neutros no dejaron descendencia más que cuando fueron identificados como singulares femeninos.

Sin embargo, conviene explicar el hecho de que el español haya optado por la solución del tipo manzano / manzana se debe al claro mantenimiento del fonema /-o/ de la serie velar en posición final.

Por otra parte, la propia evolución fonética hará a algunos neutros de la 3ª declinación y de la 4ª dar lugar a masculinos en –o, como los de la 2ª declinación.

Así pues, como consecuencia de que los referidos neutros de la 2ª y de la 4ª declinaciones (más algunos de la 3ª) pasaron a formar parte de los temas en –o romances se produce la creación analógica de los plurales correspondientes en –os.

La lengua latina ofrece ciertas peculiaridades en el uso de algunos neutros plurales que pueden sugerir que el valor colectivo de dicha forma no fue jamás olvidado a través de la historia de la lengua, de modo que el latín representaría un puente entre la primera etapa (conversión de singulares colectivos femeninos en neutros plurales) y la tardía (VICE VERSA).

El origen del valor “tamaño”, ligado a la oposición ‘femenino’ – “mayor” / ‘masculino’ – ”menor” es fruto de un deslizamiento de los valores de “colectivo” de los sustantivos latinos en –a (coincidentes formalmente con los plurales neutros) hacia los valores de “tamaño mayor”, en virtud de dos contextos semánticos-gramaticales:

1º) Su conveniencia con los valores de “pluralidad” ~ “variedad”, anejos a su condición de plurales neutros.

2º) Su concreción o fijación semántica por oposición a un elemento o par procedente, en principio, del singular neutro, con valor “individual”.

El plural neutro era, primitivamente en el latín literario y el colectivo indoeuropeo, a partir de los sustantivos heterogéneos, el singular de una forma colectiva femenina. Estas formas colectivas en –a no son originariamente ni colectivos singulares ni colectivos plurales sino simplemente colectivos que según las necesidades, han tomado ya el valor de singular, ya el valor de plural. En griego y otras lenguas indoeuropeas el verbo concuerda en singular con un sujeto neutro plural.

El nominativo-acusativo plural neutro ha sido obtenido mediante formación temática no de flexión. Es por su origen esa formación un colectivo singular del predicado, construcción que puede ser comprobada fuera del griego. La construcción del neutro plural con el verbo en singular era indoeuropeo primitivo y depende de que las formas consideradas por la Gramática como nominativos y acusativos plurales, en parte originariamente no tenían significación plural sino colectiva. El colectivo en –a del indoeuropeo que existe en latín en casi todas sus etapas, era anterior a los neutros plurales.

Estos femeninos colectivos se confundían ya en latín antiguo con el femenino de la primera declinación por la terminación común –a, y a veces, como se ha visto, tomando como neutro plural lo que en un principio no era sino un colectivo femenino, se ha formado un nuevo singular neutro.

Este proceso por el que la designación del “fruto” pasa a ser representada por el neutro plural, del tipo PIRA “pera”, cabe suponer que se hiciera manteniendo al mismo tiempo y en un primer momento ambos valores. El valor colectivo de pera “conjunto de peras” y el valor individual, pera “una pera”. El segundo paso sería la desaparición del valor colectivo, siendo en la práctica sustituido por el plural analógico peras y el correspondiente singular, pera, como elemento no marcado de la oposición. Por tanto, desaparece la forma específica para la designación del “conjunto de frutos”. En efecto, este valor, confundido con el de “pluralidad” es designado en el español tanto por el ‘singular’ – elemento no marcado o extenso de la oposición de ‘número’ – como por el ‘plural’: este año hay una buena cosecha de manzana(s), ha subido el precio de la(s) cereza(s), etc. obsérvese, al respecto, que aún mantenemos, algunos restos del colectivo latino procedente de plurales neutros, como es el caso del genérico fruta. El significado colectivo de la forma pira ‘cosecha de peras, cantidad de peras’ puede desaparecer, precisamente en favor de la significación individual ‘cada pera’.

Esta desaparición semántica (lograda como fase final) pasa por la fase intermedia de promiscuidad semántica. Como quiera que en el comercio una pluralidad de peras (pira) desempeña papel más importante que una sola pera (piru), la denominación de la pera individual piru puede caer en olvido tanto más cuanto que la forma masculina piru había pasado entre tanto a designar el peral. Si se quería, pues, nombrar ahora una pera individual, no quedaba más opción que llamarla ‘una pira’. De aquí se originó después como ‘plural determinado’ el tipo novel piras ‘nueve peras’.

El estado así alcanzado adolece de la ambigüedad de la pera, que tanto puede designar ‘las peras’ como ‘la (una) pera’.

La mayoría de las lenguas romances revelan una fuerte preferencia por los nombres de árboles masculinos, mientras sólo el Sardiano, con conservadurismo característico, retiene el género femenino clásico de dendrónimos silvestres en –u (también femenino en aquella lengua es la palabra genérica arbure < ARBOR). Por otro lado, la presencia del femenino en la designación de los árboles frutales en las lenguas romances es un rasgo conservador.

En aquellas lenguas en que los hablantes eligen caracterizar el ‘árbol frutal’ con un sufijo más detallado, el género resultante del formativo fue en la fase más reciente dependiente del género del término subyacente para ‘árbol’. En latín, ARBOR, -ORIS era femenino. El portugués han guardado el género original árvore f. Consecuentemente, las designaciones del ‘árbol frutal’ son predominantemente femeninas aquí. El portugués ha adoptado la solución derivacional: amendo-eira ‘almendro’, figu-eira ‘higuera’, etc. En contraste, un cambio de género ha ocurrido en español árbol m. La tradicional consideración de esto cambio liga el género de ARBOR con su anómala, y por lo tanto débil, posición en un grupo de sustantivos masculinos en –ORE. El español, con su mezcla dialectal desnivelada en nombrar el ‘árbol frutal’, ha llevado a la descubierta de que el cambio en el género es un fenómeno bastante tardío que puede ser atribuido a una peculiaridad o accidente afectando el desarrollo del artigo definido.

Los patrones derivacionales latinos han permanecido, generalmente, intactos en las lenguas vernáculas romances, de tal modo que se perpetuaron funciones morfológicas bien establecidas. Algunos modelos derivacionales se han perdido, mientras otros se han arriesgado a nuevos límites funcionales, una maniobra que les adquirió un nuevo contrato en vida. En pocos ejemplos se han adquirido formativos nuevos o prestados; pero el patrón morfológico subyacente, no importa que lengua hija esté centrado, permanece transparentemente con su carácter latino.

Los cambios de género involucrando nombres de fruta, i.e. MORULA ‘pequeña mora’ ← MORUM, PIR-ULA ‘pequeña pera’ ← PIRUM, y también la evidente duda en RAP-ULUM, -ULA (no un fruto, sin embargo), puede resultar de analogía con formas como FICULA y NUCULA donde la base es femenina y designa el ‘árbol’ y el ‘fruto’ también.

Aunque los contornos varíen ampliamente, la base dura de los dispositivos gramaticales de las lenguas vernáculas para expresar oscuridades distintas de significado entre fitónimos permanecieron sustancialmente con carácter latino. La fitonimía vernacular optó por los medios más sintéticos de diferenciación (nombradamente, sufijación) en lugar de los medios más analíticos (en estructuras sintácticas que involucraron adjetivos calificadores), tendencia claramente dominante en el latín clásico y las fases inmediatamente subsecuentes, cuando los contrastes semánticos siguientes pasaron a actuar: (1) la planta vs. su producto (fruto, verdura, etc.), (2) la planta vs. su cultivo colectivo (arboleda, huerta, campo, etc.), (3) la planta vs. su tratante (vendedor, envasador, vigilante, etc.), (4) la planta vs. sus partes características (raíces, semillas, talos, etc.), (5) la planta vs. su uso (preparaciones de comida, instrumentos, etc.), y (6) la planta vs. su semejanza con otras plantas; este último contraste frecuentemente da el material estrictamente para inventar nuevos fitónimos.

Cuando los límites funcionales en cualquier una de esas seis categorías se tornó sin definición, las lenguas vernáculas se volverían para otros medios, muy disponibles, aunque menos que totalmente desarrollados, entre la rica gama de morfemas derivacionales heredados del latín. Solamente en raros intervalos ellas [las lenguas vernáculas] adoptaron sufijos extranjeros, que en cualquier evento emparejaron funcionalmente aquellos ya en uso.

El motivo de eliminación por el reestructuramiento de los paradigmas heredados parece tener sido primera y primordialmente el deseo de los hablantes por claridad, mismo en el sacrificio inicial de economía. La aerodinámica de algunos sistemas morfológicos ha sido frecuentemente parcial e incompleta, con el resultado de que los dialectos modernos son dejados con una proliferación de medios gramaticales traslapados para expresar cada tipo funcional específico.

Dos nombres de fruto del latín clásico desafían el padrón habitual (-US f.: -UM n.): masc. FICUS. –I (también –US f.) ‘higo’ significa tanto el fruto y el árbol, como lo hizo el femenino imparisilábico NUX, NUCIS ‘nuez’. La importancia económica y amplia distribución de ambas estas plantas aseguró la transmisión de sus nombres en romance. Por lo tanto, al lado de la posibilidad improbable que estas designaciones serían abandonadas, los hablantes encararon cinco opciones para distinguir el ‘fruto’ del ‘árbol’. Ellos podrían:

(a)    aceptar y mantener la ambigüedad de género y forma (e.g. sardiano – más habitual, italiano),

(b)   resolver la ambigüedad asignando a cada un de los dos géneros a solamente un significado (e.g. sardiano – menos habitual), 

(c)    caracterizar el ‘fruto’ con un marcador de género femenino (e.g. rumano, tuscano y francés), o

(d)   el ‘árbol’ con un homólogo masculino (e.g. rumano, tuscano, francés) o

(e)    caracterizar un o el otro con un sufijo más completo (e.g. provenzal, catalán, aragonés y portugués).

Cualquier que sea la elección que eventualmente prevaleció en los dialectos individuales, la existencia de estas dos formas anómalas no solamente produzco una rota de escape para estos vernáculos confrontados con un impasse morfológico, sino que también fue responsable por una proliferación en este campo semántico de sistemas morfológicos, que en un longo período de tiempo se esparció para otros dominios cognitivos relacionados.

Hay algunas excepciones con respecto a la ejemplificación arriba asignada:

1)      acerca del rumano el ambigenérico mar (m. sg.) vs. mere (f. pl.) ‘(árbol) frutal’.

2)      Los nuevos nombres de fruto en francés que llevaban el género masculino no necesitaron de ajustes: abricot ‘albaricoque’ –ier ‘-ero’, y marron m. ‘castaña’: -(n)ier ‘–o’.

En aquellas lenguas que eligieron marcar el ‘árbol frutal’ a través de sufijación, el proceso abarcó también los nombres de árboles silvestres. El género de los derivativos es consistentemente masculino, en concordancia con lo del dendrónimo primitivo:

Portugués: lour-o alternando con -eiro ‘laurel’, pinh-o al lado de -eiro ‘pino’, sabug-o al lado de –ueiro ‘sabuco’; Ptg antiguo seic-eiro, Ptg. sinc-eiro ‘sauce’ además de salgu-eiro ‘sauce’, y vido-eiro ‘abedul’.

La escasez de los nombres de ‘árbol frutal’ en el Español Estándar comparado con los dialectos podría entonces ser explicada asumiendo que ‘árbol’ conservó su género femenino en las áreas más distantes que Castilla. Estos arcaísmos finalmente sucumbieran a presiones del Estándar. El cuadro del Castellano oponiéndose a todos los dialectos en su alrededor es familiar a los estudiantes de Dialectología Española reciente, atestiguan las demostraciones repetidas de Menéndez Pidal. Una vez que los dendrónimos habían mantenido su independencia y se tornaron sustantivos hechos y derechos, el género del ‘árbol’ no fue más crucial para determinar el género de cada dendrónimo. A partir de entonces, el factor dominante singular en el esquema derivacional de préstamos subsecuentes fue el género del ‘fruto’. En una fase romance reciente, el castellano, cuando amenazado por la emergencia homonímica, pedió prestado el remedio de su vecino occidental (per-, mor-al) – un paquete de dialectos con los cuales compartió un esquema derivacional para ‘arboleda y huerta’ (castañ-eda, per-eda).

Después el sufijo –al de sustantivo-masa probó su superioridad por encima de –eda, se tornando el marcador más común para ‘huertas’, el castellano temporariamente checó cualquier otra extensión del padrón occidental (per-al). El sufijo –al fue más tarde reactivado en ciertas secciones del Nuevo Mundo para servir en dendrónimos. Para evitar la confusión inminente con el marcador de ‘arboleda’ (castañ-al). Cuando los préstamos del árabe vertieron adentro, aquellos mostrando género femenino para el ‘fruto’ fueron absorbidos en el padrón preponderante. (naranj-a: -o); inversamente, un ‘fruto’ masculino fue invitado para servir también para el ‘árbol’: albaricoque. Esta solución meramente involucró el renacimento de un modelo más o menos inactivo legado por el latín: níspero. Donde –e(i)ra originalmente designó el ‘árbol frutal’, estas mismas palabras prestadas recibieron un tratamiento diferente. El ‘fruto’ podría ser inmediatamente diferenciado del ‘árbol frutal’ por un simple mecanismo fácilmente disponible: Ptg. damas-c-o: -qu-eiro, Arag. malacaton: -ero.

En una tentativa ocasional para alcanzar claridad, los hablantes del español han también adoptado –ero, quizás sugerido por la solución portuguesa y especialmente aragonesa. para distinguir el ‘árbol’ de su ‘fruto’ (durazn-ero, limon-ero).”  

En el dominio léxico del “árbol, por medio de los procedimientos señalados hay una triple distinción: ‘femenino’ – “fruto” / ‘masculino’ – “árbol” / ‘derivativo’ – “conjunto de árboles” y ‘masculino’ – “fruto” / ‘masculino’ – “árbol” / ‘derivativo’ – “conjunto de árboles”).

Los derivativos en –era / (-ero) denotando colectividad en consideración a las plantas han perdido terreno en la Península Ibérica, no solamente por causa de la introducción del poderoso sufijo de nombre en massa –al, -ar (< -ALE, -ARE), como también porque –ero / -era ha heredado una carga funcional excesiva. Como agentivo de mayor valor sirve para distinguir el ‘árbol frutal’ de su ‘fruto’ (e.g., Ptg. per-eira, castanh-eiro), la ‘planta’ de su ‘producto’ (e.g., Esp. algodon-ero, fres-era; Ptg. carrapat-eiro, abobor-eira), el producto del ‘vendedor’ (e.g., Sp. castañ-ero, -era, limon-ero, -era), y finalmente, puede ocasionalmente designar un receptáculo (Esp. almend-ero, flor-ero).

El dominio funcional gobernado, originalmente, por –edo / -eda y, secundariamente, por –era / -ero fue drásticamente limitado con la introducción del prolífico sufijo de sustantivo / masa –al / -ar m. < -ALE, -ARE ← originalmente desde el adj. –ALIS, -ARIS. El crecimiento de un sufijo funcionalmente neto (-edo, -eda)  ha sido entonces obstaculizado llevando en consideración su semejanza formal a un sufijo (–era / -ero) perjudicado por una dificultosa polisemia.

Los dialectos ibero-romances, que aceptaron los reflejos multifuncionales ‘-ero, -era’, evitaron la inminente polisemia adoptando un nuevo sufijo colectivo ‘-al, -ar’ . El castellano adoptó los reflejos –ARIU /-ARIA para derivar los nombres de árboles además del esquema nativo subyacente (-o ‘árbol’ / -a ‘fruto’). Formativos en –era, denotando ‘colectividad de plantas’ son en general restrictos a aquellos territorios donde –al / -ar (m. y f.) sirve como marcador común del ‘árbol frutal’. Los dialectos peninsulares se apoderaron del sufijo –al / -ar (m.) de masa/sustantivo para marcar los colectivos fitonímicos, en concordancia con varios dialectos ítalo-romances del norte y del sur como también designó el ‘árbol’ por sufijación en –era / -ero, quizás originados en los dialectos del Este. Habiendo optado por un sufijo de masa-sustantivo más distintivo  para designar colectividad de plantas, el castellano, más que cualquier otra lengua vernácula romance, ha retenido –ero/-era como un sufijo adjetival fitonímico productivo. Un análisis más detenido muestra que -ero designa el nombre del ‘árbol, arbusto, o planta’ cuando anexado a lo nombre del fruto, mientras que -era designa el nombre de una ‘planta’ cuando sufijada a un morfema de raíz no-fitonímica. Esta situación reconsidera el alcance funcional de –ARIA / -ARIU ya observable en latín.

Si el primitivo es un dendrónimo, una multiplicidad de posibilidades derivacionales confrontan los hablantes: -al / -ar es anexado a (A) el propio primitivo (e.g. abet-al, aceb-al, alcornoc-al, Ptg. carvalh-al) (B) al primitivo más –era / -ero (e.g. higu-er-al, Ptg. (a)mor-eir-al, -edo), i.e., a el nombre del ‘árbol’ opuesto a lo del ‘fruto’, especialmente en portugués, aragonés, y catalán, o más –al/-ar en leonés (e.g. guind-al-al), (C) a el primitivo más –edo/-eda (e.g. buj-ed-al).

El latín –ETU/-ETA ha supervivido pan-románicamente; sin embargo, su terreno funcional ha considerablemente disminuido en el transcurso del tiempo. Mientras que en latín se anexaba indiscriminadamente a cualquier base fitonímica para designar ‘arboleda, huerta, arriate, jardín, o campo’, en el nivel romance competía ferozmente con otros sufijos de masa-sustantivo. Su productibilidad ha sido a bases dendronímicas apenas. En los dialectos íbero-romances ‘-edo, -eda’ casi exclusivamente se anexa los dendrónimos silvestres, mientras que ‘-al / -ar’ son frecuentemente los únicos medios para designar abundancia o colectividad de plantas de campo y árboles frutales también.

La función del sufijo español como colectivo o abundancial encuentra apoyo, posiblemente, en el significado de dos terminaciones nahuas de muy frecuente uso. La primera es –tla o -tlan (terminación de pluralidad o de abundancia), que aparece a menudo en la toponimia (Chinela, Escuitla, etc.). Quizás la formación de palabras como jocotal o zapotal podría ser así: jocotl > jocotla(n) > jocotal, o bien jocotl > jocote > jocotal, suponiendo en la primera serie –tal como alteración de –tla, y vindo en el segundo caso el sufijo español –al añadido a jocot(e).

La segunda desinencia nahua es -tlalli ‘tierra’. El paso de ‘tierra de’ a ‘terreno sembrado de’ parece fácil. La palabra cacahuatal podría explicarse por adición del sufijo -al a cacahuat(e), pero también por intervención de –tlalli: cacahua-tlalli < cañahuatal. Los colectivos achiotal, aguacatal, amatal, camotal, tomatal, zacatal, zapotal, etc. provenientes de palabras que tiene t en la última sílaba (achiote, etc.), se explicarían así por el elemento –tlalli añadido al radical, más bien que por la adición del sufijo español.

Los nombres de muchos frutos americanos no se prestaban a entrar en los moldes españoles típicos: achiotl dió achiote y no *achiota; jocotl dió jocote y no *jocota, etc. No se conoce nombres de árboles de raíz maya o nahua que terminen en –o. Por eso, al tratar de acomodar los nuevos nombres al español, se echaba mano de otros recursos lingüísticos. En lugar de los nativos siguieren el paradigma naranja: naranjo haciendo *jocota: jocoto se hizo –ero: jocote: jocotero. Sin embargo, -ero no prosperó tanto como –al para formar nombres de árboles, quizá porque –ero, a diferencia de –al, no encontraba apoyo en los hábitos lingüísticos de los nativos. En Guatemala y en otros países fuertemente índios, las lenguas indígenas han influído y siguen influyendo en el español más de lo que se ha dicho hasta ahora. Además, sigue apuntando que el sufijo español –al ha encontrado en el ambiente guatemalteco condiciones que favorecen su aceptación y nutren su vitalidad.

Ciertamente la presencia del sufijo –al y su variante fonética –ar con valor “colectivo” se halla enormemente desarrollada, superando en mucho a los resultados de –ETUM ~ -ETA.

Por otra parte, los sufijos –al ~ -ar se generalizan, sobre todo, en la designación de los colectivos de “arbustos” y “plantas”, frente a “árboles” propiamente dichos en cuya designación alternan más con –edo ~ -eda.

También la generalización de tales sufijos – frente a –edo ~ -eda – es mayor en el caso de términos plenamente romances, señaladamente en árboles y plantas de América. “La distribución de estas formas (> -ALE) no tiene fundamentación morfológica; -al es muy usado en América, desde los viejos cronistas hasta hoy, pasando por los indigenismos del tipo cacahuatal, maizal, yucal”.

Asimismo, como resumen de este apartado, podemos decir que el valor “colectivo”, que en latín aparecía en la designación del “conjunto de frutos” por medio del neutro plural y que desaparece en la evolución del género, vuelve a aparecer incorporándose dentro del mismo dominio léxico general: “árbol”, en la designación del “conjunto de árboles”, pero no sólo a través del neutro singular como en latín (PIRETUM > sufijo –edo), sino también a través del neutro plural (PIRETA > sufijo –eda), generándose un derivativo femenino con valor “colectivo”, que se añade al etimológico del singular, junto a otros de distinto origen: -al, y su variante –ar, también de étimo neutro ( > -ALE).

Los femeninos conservados pueden haber entrado en romance – en concreto, en español – en la oposición genérica motivada de ‘masculino’ – “individual” (procedente del neutro singular latino) / ‘femenino’ – “colectivo” (procedente del neutro plural latino).

Los plurales neutros asimilan valores de “colectivo”, que ya desempeñaban femeninos en –a desde el indoeuropeo hasta el latín.

La relativa abundancia de los pluralia tantum viene a mostrar otra línea de evolución que supone, por una parte, quizás la no necesaria y simple asimilación del neutro plural a los femeninos singulares colectivos; y, por otra, el mantenimiento en primer lugar de la pluralidad en su transformación en femeninos romances. Así pues estos pluralia tantum conservan los valores propios de la pluralidad directamente, adoptando los formantes del modelo romance, -s o –es, sin pasar por el estadio intermedio de asimilación o identificación con el singular romance en –a. Los pluralia tantum se presentan, así, como un ejemplo de la tendencia conservadora en la evolución de las lenguas. Ello pudo deberse en parte a la naturaleza semántica de los concretos sustantivos neutros que se adaptaron como pluralia tantum romances. Pero, curiosamente, la conservación de tales plurales neutros como pluralia tantum afecta en buena medida a los que han pasado al español a través de vías cultas o semicultas y en el ámbito de ciertos lenguajes especiales o sectoriales. La vía culta de penetración supondría la rápida o inmediata transformación del valor de “colectividad” no percibido por los hablantes – ya en una lengua romance que carece de la conciencia del neutro – y recogería fácilmente el valor del plural, claramente percibido en la lengua romance.

 Los pluralia tantum poseen la morfología de los plurales ordinarios, pero poseen en gran parte la semántica de los nombres continuos. No constituyen plurales desde el punto de vista semántico, sino desde el morfológico.

Estos colectivos plurales se confunden fonéticamente, por la terminación, con los sustantivos singulares femeninos, este colectivo plural pasó a ser considerado como un femenino singular, ayudado por la identidad de la forma -a y como tales pasan al antiguo español y luego al moderno, a los que se ha formado un nuevo plural: brachias, armentas, simulachras, etc. Las causas principales de este paso son, por una parte, el uso frecuente que hacían los poetas de formas como gaudia, singular en sentido de gaudium ‘gozo, alegría’; tribula, singular por tribulum ‘trillo’; y por otra parte, el valor colectivo que podía tomar un plural como folia. De ahí nacieron, formas femeninas como *brachia (esp. braza), *folia(esp. hoja), gaudia, gesta, ligna (esp. leña), etc., para las cuales se formó un nuevo plural: brachias, armentas, membras, ingenias, simu lachras, etc.

Las formas plurales en –a, tanto antiguas como nuevas, han sido poco extendidas en Iberia, y aún en la Galia, con valor de plurales, pues se consideraron únicamente como femeninos singulares en la mayor parte del territorio románico; pero subsisten como plurales en los países del Este, y principalmente en la Italia central y meridional y en Rumania.

La causa principal de la decadencia del sistema de género en las lenguas es la erosión de las marcas formales que los distingue. Lo que es particularmente importante aquí  es que una parte de los plurales neutros no fue eliminada, sino que fue reinterpretada como femenino. Aunque haya muchas formaciones analógicas, un núcleo semántico puede ser individualizado para los sustantivos con plural en –a. Este estado de cosas conlleva a su vez el tratamiento en la estructura de la exaptación: la forma del neutro plural en –a fue refuncionalizada como marca del colectivo plural. Es notable que para todos los sustantivos que demuestran un plural femenino colectivo en –a, un plural masculino en –i fuera desarrollado con un valor individualizante. Por lo tanto, los “plurales” diferentes se correlacionan con significados divergentes. El plural colectivo femenino en –a es una clase marcada, menos frecuente (hoy no productiva), que constituye una innovación, una renovación de la función por una forma antigua.

Es de interés especial notar que la reasignación de un nuevo valor funcional a las formas neutras del Latín ocurrieron paralelamente al desaparecimiento del neutro como categoría gramatical. En realidad, los datos muestran variaciones y fluctuaciones en el Latín tardío, lo que nos lleva a pensar que la propagación del cambio necesitó de un largo tiempo. Lo que se defiende aquí es que la noción de colectividad en algunos plurales neutros persistió en el tiempo y como consecuencia tuvo lugar la introducción (por regramaticalización) en la gramática de nuevos morfemas con la forma en –a constante y función (género femenino) renovada en un conjunto de palabras del Español Moderno contribuyendo a su variabilidad paradigmática.

No podemos decir que la gramaticalización del morfema de género desde el Latín a las lenguas romances tuviera el sentido de llenar un “espacio vacío” que había dejado la lengua latina. Consecuentemente, no podemos decir tampoco que el género neutro latino fuera gramaticalizado a morfemas de género romances, puesto que el sistema de caso latino desapareció. Y del mismo modo, no podemos decir que el género neutro latino se haya perdido porque el morfema de género femenino haya sido gramaticalizado para llenar su espacio, o sea, el sistema de caso latino se ha perdido porque no se necesitaba más después de la gramaticalización de las inflexiones. Lógicamente, ambas explicaciones son circulares.      

Los procesos de cambio lingüístico desde el morfema de género neutro y plural latino en -a hasta las formas del género femenino de algunos sustantivos de la lengua española experimentaron gramaticalización. Las variaciones semánticas de los vocablos en el transcurso del tiempo confirman con la exposición de los datos pertinentes a este proceso diacrónico de reinterpretación semántica como colectivos de algunos sustantivos en las lenguas romances con el mismo sentido del neutro latino persistiendo, o sea, resistiendo el paso del tiempo, asignando nuevas funciones a elementos pertenecientes a la gramática latina que se tornaran inutilizados.

En la pérdida del neutro han influido causas fonéticas, concomitantemente ha intervenido un proceso interno de desmotivación, o sea, atrito semántico (desemantización) de los valores del neutro, ligado a la progresiva degeneración morfológica, en el paso del ultimo indoeuropeo al latín, de la motivación “animado” / “inanimado”, que existía en el indoeuropeo general.

estacada, fumada, obrada y sembrada son también capaces de análisis como postnominales, pero aquí puede ser vislumbrada una diferenciación semántica importante: las formas en -ada  tienen un matiz colectivo o sustantivo-masa.

En ejemplos donde la colectividad es realmente inherente a la raíz verbal concernida (e.g. sembrada) una cierta potencialidad para sufijación colectiva existe; subsecuentemente la idea de colectividad cambia de sufijo cuando luego asume un papel sufijal y empieza a atraer otras raíces, independiente de acción verbal. En fase de final nosotros no más nos estamos examinando un matiz potencial colectivo sino que un verdadero sufijo. Esta es la fase que es ejemplificada por nuestro tercer grupo: un número significante de colectivos o sustantivos-masa en –ada e raíces nominales en Español Antiguo. Por ejemplo, arbolada, nuvada, peonada.

-ada es mucho más comúnmente usado para formar colectivos como también las palabras ‘blow’. Se puede decir que –ada, cuando usado en conjunción con un sustantivo que denota un arma, tiene tal función. Por lo tanto, el contexto en el sentido morfológico más que en el sintáctico es totalmente importante.

Para un sufijo ser productivo debe ser razonablemente común y de función o ‘significado’ razonablemente general. El sufijo masculino de participio pasado fracasa en “florecer” por causa de la tendencia tanto de los colectivos como de los abstractos verbales ser femeninos.

Las dobles formas del plural no hay que considerarlas, pues, como vacilaciones o anomalías que en forma azarosa se usaran en uno u otro género, sino una manera de que se vale la lengua latina para diferenciar la pluralidad, que se expresaba por el plural masculino raras veces femenino, y las formas en -a con que se quería expresar, más que una multitud de unidades aisladas, un conjunto.

En el latín vulgar y tardío (a partir del siglo III), el neutro singular desaparece confundiéndose con el masculino. Hay una gran incertidumbre en el empleo de las formas dobles, pero en realidad es una diferenciación intencional, pues que en el latín clásico la terminación neutra singular al lado de la masculina tenía un sentido colectivo. La pérdida de la –m final facilitó el paso del masculino al neutro, asimismo la caída de la –s final en las regiones donde tal fenómeno ocurrió.

A pesar de la desaparición del neutro singular, el neutro plural se conserva como colectivo. Las formas plurales neutras en –a se conservaron en su uso colectivo después que las formas neutras singulares hubieron desaparecido. Las flexiones masculinas y neutras llegaron a fundirse en una, y el plural neutro característico en –a llegó a ser considerado como una variante de la terminación masculina. Durante los principios del período romance, seguían produciéndose formas diversas como ovi al lado de ova, mura al lado de muri; rivus rivora frecuente desde el siglo I de J.C.  

Para expresar una ocupación que concierne con los productos designados por los primitivos subyacentes, las lenguas romances han mantenido tenazmente sus reflejos respectivos del sufijo latino de agente –ARIUS. Derivativos que contienen el fem. –ARIA son menos frecuentes en latín y las lenguas vernáculas. Este desequilibrio no es conjuntamente considerando en la sociedad patriarcal dominante en la historia de Europa. Otros medios para expresar ‘ocupaciones’ pueden resultar de esfuerzos concientes para evitar polisemia torpe. Asimismo, el ambigenérico esp. –ista cuidadosamente aísla el derivativo ocupacional flor-ista de flor-ero.

La indecisión de género puede ser observada también en entre los paradigmas que producen nombres de ‘receptáculos (vasijas, platos, cajas)’ y ‘lugares de almacenaje (compartimientos, desvanes, pilas)’: Esp. almend-ero, flor-ero, aceitun-ero, oliv-ero.

 

CURRICULUM

Herickson Akihito Sudo Lutif

28 Anos, Brasileiro, Solteiro

Telefone: 39473773 E-mail: hericksonlutif@gmail.com

Endereço: H27 D  112 – CTA / P. MARECHAL EDUARDO GOMES, 50 / VILA DAS ACACIAS    SAO JOSE DOS CAMPOS   /  SAO PAULO

 

Objetivo Profissional (Profissões ou Cargos):

 



Departamentos:  - Instituição de Ensino
Ramos de Atividade:  - Escolas e Instituições de Ensino em Geral

Formação


UC3M - Universidade Carlos III de Madri 

Local:  Getafe, Comunidade de Madri - Espanha

Tipo de curso: Doutorado, Início:  9/2005, Término em: 9/2009 

Curso:  Lexicologia, Lexicometria e Dicionários, Status:  Em andamento, Carga: 2 semestres

 

UECE - Universidade Estadual do Ceará 

 

Local: Fortaleza-CE, Brasil

Tipo de curso:  Superior, Início:  2/1999, Término em: 8/2003 

Curso: Letras Português e Inglês, Status: Concluído, Carga: 9 semestres

 

Experiências Profissionais

Tower Languages Institute

Experiencia: 3 meses, Data de Inicio: 08/2007, Emprego Atual

Cargo / Profissão:  Professor de Inglês , Portugues para Estrangeiros e Espanhol

 

Pre-Concursos

Experiencia: 2 meses, Data de Inicio: 09/2007, Emprego Atual

Cargo / Profissão:  Professor de Inglês

 

Governo do Estado do Ceará  

Experiência: 2 anos, Data de Início:1/2003, Data de Saída:1/2005

Cargo / Profissão:  Professor de Inglês

 

FUNCAP - Universidade Estadual do Ceará 

Experiência: 9 meses, Departamento: Laboratório de Testes, Data de Início:2/2002, Data de Saída:11/2002

Cargo / Profissão: Bolsista de Iniciação Científica  

Atividades Desenvolvidas / Experiência Adquirida: Auxiliar da Doutora Vera Lúcia Santiago Araújo no estudo do tema do close caption no Brasil na Universidade Estadual do Ceará no Brasil. Certificado obtido na participação do trabalho de minha autoria “A Condensação do Close Caption”, apresentado no XI Encontro da Iniciação Científica, realizado durante a VII Semana Universitária da Universidade Estadual do Ceará. 

 

Instituto Brasileiro de Geografia e Estatística 

Experiência: 9 meses, Departamento:Planejamento Estratégico,Data de Início:2/2000, Data de Saída:11/2000

Cargo / Profissão: Agente Censitário Supervisor

 

Aprovado em exame intelectual, psicotécnico e físico de concurso público da Escola Preparatória de Cadetes do Ar em 1997.

Aprovado em exame intelectual e psicotécnico de concurso público para Sargento da Aeronáutica em 2002.

Idiomas: Catalão Intermediário, Espanhol Fluente com DELE Superior, Francês Básico, Inglês Fluente com TOEFL, Italiano Básico

 

Cursos Extracurriculares

 

Curso Avançado de Espanhol para Estrangeiros – Professores: Hérman e Ana Isusi

Início em: 2005, Local: Hermandades del Trabajo, Madri, Comunidade de Madri - Espanha

Carga Horária: 128 horas

 

Encontro de Formação Continuada de Professores do Ensino Médio (Língua Inglesa) 

Governo do Estado do Ceará - Formação Continuada de Professores 

Início em: 2003, Local:  Instituto de Educação do Ceará, Fortaleza – Ceará, Brasil 

Carga Horária: 20 horas

 

Teacher`s Training Course 

Início em: 2003, Local:  Curso Hilpro Idiomas, Fortaleza – Ceará, Brasil 

Descrição: Curso de Treinamento de Professores de Inglês (Metodologia Comunicativa). 

Carga Horária: 30 horas 

 

Edições Atuais da Pragmática 

Início em: 2002,  Local: Universidade Estadual do Ceará,  Fortaleza –  Ceará, Brasil

Carga Horária:  15 horas 

 

Literatura e Cinema Brasileiro 

Início em: 2002,  Local:  Universidade Estadual do Ceará,  Fortaleza – Ceará, Brasil

Carga Horária: 16 horas 

 

Práticas de Leitura e Escrita 

Início em: 2001,  Local:  Universidade Estadual do Ceará,  Fortaleza - Ceará, Brasil

Carga Horária: 20 horas 

 

As Relações entre a Fala Escrita e o Ensino da Língua Materna 

Início em: 2001,  Local:  Universidade Estadual do Ceará,  Fortaleza – Ceará, Brasil 

Carga Horária:  20 horas 

 

A utilização de glosas como instrumentos fixadores de termos em língua estrangeira considerando técnicas de relaxamento criativo em sala de aula  

Início em: 2001,  Local:  Universidade Estadual do Ceará,  Fortaleza – Ceará, Brasil 

Carga Horária: 4 horas 

 

Aquisição de L1 e L2 

Início em: 2001,  Local:  Universidade Estadual do Ceará,  Fortaleza – Ceará, Brasil 

Carga Horária:  15 horas 

 

Língua Falada e Língua Escrita no Contexto dos Gêneros de Textos e Ensino de Língua 

Início em: 2001,  Local:  Universidade Estadual do Ceará,  Fortaleza – Ceará, Brasil

Carga Horária: 15 horas 

 

A Compreensão do Discurso Escrito na Perspectiva da Gramática Funcional 

Início em: 2000, Local:  Universidade Estadual do Ceará, Fortaleza – Ceará, Brasil 

Carga Horária:  15 horas 

 

Qualificações

 

Informática (Softwares):

Microsoft Office, Especialista, 10 anos e 4 meses

Sistema Operacional

Microsoft Windows XP Professional

Especialista

(2 anos e 4 meses)

Características Pessoais

Habilidades Gerenciais

Acompanhamento de Resultados, Capacidade de Motivação de Equipes, Capacidade de Resolver Problemas, Coordenação de Equipes, Técnicas de Brainstorming, Visão Organizacional, Apresentação de Projetos, Desenvolvimento de Projetos, Engenharia de Projetos, Gerenciamento de Projetos, Gestão de Projetos, Implantação de Projetos, Projetos Técnicos

 
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Mar. 25
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Feb. 15
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